El etíope
fue el primer africano en conseguir una medalla de oro en unas
Olimpiadas, corrió la maratón descalzo y se convirtió en uno de los
héroes contemporáneos de África
Este año se
cumple el cincuenta aniversario de una de las proezas más grandes del
deporte. En 1960 por primer vez un etíope, un africano, conseguía una
medalla de oro en unas Olimpiadas. Abebe Bikila ganó la maratón de Roma
rompiendo todos los récords, y lo hizo descalzo. Dos horas, quince
minutos, 16 segundos y dos décimas en 42 kilómetros con 195 metros de
historia. Nadie sabía su nombre, nadie entendía que hacía allí ese
hombre delgado, con aspecto de asceta; aquel hombre era África, que en
su renacimiento se mostraba al mundo tal y como era, pobre, pero
orgullosa.
Abebe Bikila, hasta entonces un completo desconocido, se convirtió en un héroe para los africanos, en plena efervescencia de sus independencias, y en un revulsivo para occidente, que descubría desconcertado la nueva fuerza del continente negro.
Abebe Bikila, hasta entonces un completo desconocido, se convirtió en un héroe para los africanos, en plena efervescencia de sus independencias, y en un revulsivo para occidente, que descubría desconcertado la nueva fuerza del continente negro.


